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Profecía

Llegó el momento de pasar la noche y tú tenías solo una cobija y yo solo un sleeping, excusa perfecta para poner en práctica un anarco-comunismo funcional. Los arreglos suceden sin burocracia, esto va aquí, esto va acá, tu de ese lado, yo de este, espacios bien definidos y bien reducidos. Acuerdo tácito. Buenas noches.

Y luego dormir, falacia total. El diálogo sin palabras de las interacciones corporales, -es que mira, el borde del sleeping está muy cerca, más al centro se está más cómodo-. Acercamiento sin contacto, no vaya a ser, respeto tu espacio y tú el mío. Quizá por respeto es que se mantienen a distancia los protones y los neutrones, física de partículas aplicada y a la puerta del laboratorio un letrero que dice "Don't bother, experiments running".

Como cómplice no solicitado pero bien recibido llega el frío, y con él el entendimiento común de que la cercanía le hace frente al tirano, injusto veredicto para un aliado tan valioso en esta conquista. ¿Y conquista de qué? Ni se sabe. Todo es territorio no explorado, cuando fuimos a dormir teníamos bien entendida esa amistad, ahorita con tu cuello tan cerca ya no sé.

Quizá esté imaginando todo, quizá realmente es solo el frío, quizá no debería acercarme más para no tener que disculparme mañana por tan inapropiada conducta (ya tengo listo mi guión, te lo juro), quizá deba dejar de oler tu cabello (¿Qué shampoo es ese que me está cautivando?). En cualquier caso, a modo de tributo y bandera blanca a la vez, dejaré mi pie derecho un poco más adelante, inocente hilo con un clip amarrado en la punta y un pedazo de pan en este mar agitado que se ha convertido la habitación.

* * *

y entonces tus pies tocan los míos

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De pronto y de la nada tengo frente a mí los siguientes dos años de mi vida, clarito ahí están dibujados sobre mi empeine. Cada risa, los viajes, los arreglos que tenemos que hacer primero por que tú vas de paso (¿Cómo iba a saber que el que iba de paso era yo?).

La respuesta no se deja esperar y dibujo con mi pie sobre la planta del tuyo un ondear de bandera de reconocimiento, tropa de exploración recién anclada en las costas de Virginia. Si el encuentro de dos mundos hubiese sido como el encuentro de nuestros pies el mundo sería un lugar mucho mejor hoy.

El suceso es inequívoco, "autorización aduanera de cruzar la frontera, hay rendición militar mutua" dicen los encabezados. De tu cabello puedo pasar a tu cuello, tus muslos ya tocan los míos, mis labios están tan cerca de tu nuca pero no se atreven a abusar del nuevo tratado de comercio. Mis manos están como perdidas entre mi pecho y tu espalda pero muy tímidas para hacer algo más que quedarse enroscadas en sí mismas.

Finalmente se asoma por la ventana un poco de claridad y los primeros silbidos se dejan escuchar, ¿cuándo pasó todo ese tiempo, si nos acabamos de acostar? Tú que te das la vuelta y ahora somos una simetría, nueva declaración de guerra y nuevas tácticas. Nuestros pies aún empecinados en su contacto. Te siento de frente, puedo sentir el aire que exhalan tus pulmones y alimenta los míos, que gustosos e insatisfechos lo dejan entrar. Me acerco un poco más para que nuestras narices se conozcan, al fin van a pasar mucho tiempo juntas.

Ya con el sol un poco sobre tu rostro empezamos a buscar la forma, el ángulo, y con ello la consumación de una noche de acuerdos, tratados y negociaciones firmados con el contacto de nuestros labios. Qué magnífico y qué delicia encontrarlos esperándome y buscándome a su vez. Cuán difícil iba a ser después lograr esa misma sincronía estábamos por averiguarlo tan solo unos suspiros más tarde.